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Balaguer: ¿El mal necesario que evitó otra Cuba en la República Dominicana?


Por Job Vásquez.

"La historia deja de ser propaganda cuando somos capaces de reconocer virtudes incluso en aquellos con quienes nunca pensamos estar de acuerdo."

Introducción

Confieso que jamás imaginé que terminaría escribiendo estas líneas.

Durante años miré la historia dominicana con la lente simplista que muchos usamos: héroes impecables contra villanos absolutos. Pero cuanto más se estudia, más evidente se vuelve una verdad incómoda: las naciones rara vez son construidas por hombres perfectos.

En esa complejidad surge una de las figuras más contradictorias y polémicas de nuestra historia: Joaquín Balaguer Ricardo.

No escribo para absolverlo ni para condenarlo. Mi intención es analizar, con honestidad histórica y pragmatismo, si Balaguer fue, paradójicamente, uno de los hombres más determinantes que tuvo la República Dominicana en uno de los momentos más peligrosos del siglo XX.


El contexto que muchos olvidan

Juzgar los años sesenta y setenta con los valores y la estabilidad del presente es un error frecuente.

La República Dominicana que surgió tras el asesinato de Trujillo era un país frágil, profundamente dividido y ubicado en el epicentro de la Guerra Fría.

La Revolución Cubana de 1959 había triunfado y el comunismo se expandía por América Latina. Movimientos como el MPD y el 14 de Junio abrazaban la vía revolucionaria. Estados Unidos, por su parte, estaba dispuesto a impedir la aparición de "otra Cuba" en el Caribe.

En ese escenario explosivo, Balaguer asumió la presidencia en 1966.


Un estratega político excepcional

Pocos pueden negar su extraordinaria capacidad política.

Gobernó doce años consecutivos en una de las décadas más turbulentas de América Latina, sobrevivió crisis internas, mantuvo la autoridad del Estado y regresó al poder cuando muchos lo consideraban políticamente acabado.

Su habilidad para leer la psicología del pueblo dominicano, construir alianzas y adaptarse a las circunstancias probablemente no tenga parangón en nuestra historia.

En términos estrictamente estratégicos, Balaguer fue, probablemente, el político más hábil que ha producido la República Dominicana.


La reconstrucción tras el caos de 1965

El país salía de una guerra civil y de una intervención militar extranjera.

Balaguer priorizó devolver estabilidad: fortaleció el aparato estatal, reorganizó sectores clave y dio a una nación exhausta la sensación de orden y futuro.

Mientras varios países latinoamericanos caían en ciclos de guerrillas y guerras civiles, la República Dominicana logró mantener continuidad institucional.


Reforma agraria y desarrollo rural

Uno de sus logros menos reconocidos fue la política agraria.

A través del Instituto Agrario Dominicano se distribuyeron miles de tareas de tierra, se crearon asentamientos campesinos, se construyeron sistemas de riego y caminos vecinales.

El objetivo era formar una clase campesina propietaria y reducir las tensiones sociales que, en otros países, sirvieron de combustible para revoluciones.


La política de grandes obras

Balaguer veía la infraestructura como una herramienta de integración nacional y de fortalecimiento del Estado.

Durante sus distintos gobiernos se desarrollaron o impulsaron obras como:

  1. La presa de Tavera.

  2. La presa de Valdesia.

  3. La expansión de la autopista Duarte.

  4. La avenida 27 de Febrero.

  5. El Centro Olímpico Juan Pablo Duarte.

  6. El Teatro Nacional.

  7. El Parque Mirador Sur.

  8. El Jardín Botánico Nacional.

  9. El Faro a Colón.

Muchas de estas obras siguen siendo parte esencial de la vida cotidiana de los dominicanos.

Su visión era sencilla: un Estado visible y presente fortalece la estabilidad social.


Apertura económica e inversión extranjera

Durante sus administraciones se atrajeron inversiones en minería, turismo, telecomunicaciones, industria y zonas francas.

Estas políticas ayudaron a diversificar la economía y sentaron las bases del modelo económico que posteriormente continuó expandiéndose.

Balaguer comprendía que la soberanía nacional no dependía únicamente de las armas, sino también de una economía capaz de sostener la estabilidad del país.


El hombre que salvó los bosques dominicanos

Quizás uno de sus legados más subestimados sea el ambiental.

Balaguer impuso restricciones a la tala indiscriminada, cerró numerosos aserraderos, impulsó campañas de reforestación y promovió el uso de combustibles alternativos al carbón vegetal.

Décadas después, muchos especialistas consideran que estas medidas contribuyeron significativamente a preservar la cobertura forestal dominicana.

Mientras Haití sufrió una devastadora deforestación, la República Dominicana logró conservar gran parte de sus recursos naturales.

Paradójicamente, uno de los políticos más conservadores del siglo XX terminó siendo también uno de los mayores defensores del medio ambiente en nuestra historia.


La transición democrática de 1978

Cuando perdió las elecciones frente a Antonio Guzmán, Balaguer terminó entregando el poder pese a las tensiones existentes.

Aquella alternancia pacífica marcó la primera transición democrática estable de la historia contemporánea dominicana y consolidó la cultura de sucesión constitucional.

Paradójicamente, uno de los hombres más acusados de autoritarismo terminó contribuyendo a la continuidad democrática que hoy sostiene el sistema político nacional.


La parte incómoda de la historia

Ningún análisis honesto puede omitir esta realidad.

La estabilidad de los llamados "Doce Años" tuvo un alto costo humano.

Persecuciones políticas, desapariciones, asesinatos y violaciones a los derechos humanos marcaron aquella época.

Balaguer no fue un santo.

Fue, al mismo tiempo:

  1. Constructor y represor.

  2. Modernizador y autoritario.

  3. Responsable de grandes obras y protagonista de profundas heridas nacionales.

Y precisamente esa contradicción explica por qué sigue siendo una de las figuras más debatidas de la historia dominicana.


¿Evitó otra Cuba?

Nadie puede probar qué habría ocurrido en un escenario alternativo.

La historia no admite experimentos.

Sin embargo, los hechos muestran que:

  1. Existían movimientos revolucionarios activos.

  2. América Latina vivía una ola de radicalización ideológica.

  3. Varios países terminaron inmersos en conflictos armados prolongados.

  4. La República Dominicana no siguió ese camino.

Balaguer no fue el único factor, pero es razonable sostener que contribuyó decisivamente a impedir que el país recorriera una ruta de radicalización similar a la experimentada por otras naciones latinoamericanas durante la Guerra Fría.


La paradoja dominicana

La mayor ironía de nuestra historia es que dos hombres aparentemente irreconciliables terminaron construyendo juntos la República Dominicana moderna.

Juan Bosch aportó visión doctrinaria y escuela política.

Joaquín Balaguer aportó continuidad institucional y estabilidad.

Décadas después, las ideas de Bosch llegaron al poder utilizando precisamente el sistema que Balaguer ayudó a preservar.

La historia, como la vida, suele tener un peculiar sentido del humor.


Conclusión personal

Tras estudiar el contexto de la Guerra Fría y los resultados posteriores, he llegado a una convicción que sé que muchos rechazarán:

Joaquín Balaguer fue, probablemente, el estratega político más extraordinario que ha tenido la República Dominicana.

No porque fuera moralmente perfecto.

No porque estuviera libre de culpa.

Sino porque comprendió mejor que muchos de sus contemporáneos la gravedad del momento histórico que enfrentaba.

La historia probablemente nunca lo absolverá por completo, pero tampoco podrá reducirlo únicamente a sus errores.

Porque las naciones no siempre son moldeadas por hombres virtuosos.

A veces son moldeadas por hombres profundamente imperfectos.


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